El tiempo se para durante unos segundos, el corazón se acelera haciendo que se dilaten nuestras pupilas y nos ponemos nerviosos. En ese corto espacio de tiempo parece que no existe nadie más alrededor, aunque 50 personas vayan caminando por la calle. Ha aparecido alguien que nos roba toda la atención y que se convierte en nuestro amor a primera vista.
En ese instante, una persona se sumerge en otra. Entre las dos ocurre un flechazo que en ese instante solamente se materializa químicamente dentro de ellos, como si una fuerte racha de viento les hubiese golpeado en un día soleado.
¿Existe el amor a primera vista?
Ante esta pregunta hay varias respuestas. ¿Es verdad que podemos ser “víctimas” de una oleada tan fuerte de sentimientos momentáneos o, por el contrario, es nuestro cerebro el que nos engaña?
Muchas personas pensarán que el amor a primera vista no es real y no existe: de hecho, algunos experimentos científicos aseguran que se trata de un conjunto de recuerdos, que regresan a nosotros para intercalarse con sentimientos del momento. El amor, en este caso, es un perfecto “collage” de cosas vividas e imágenes del presente.
Otras, como yo o como probablemente tú -por la razón que te he contado antes-, probablemente creerán en el poder de una primera mirada o en cómo realmente hasta un mínimo detalle puede despertar en nosotros un universo.
Es decir, creemos que sí, que el amor a primera vista es real o, al menos, que existen esos segundos de euforia, energía y positivismo que hacen que el mundo parezca, literalmente, el paraíso.
El fenómeno del amor a primera vista suele surgir cuando no se espera absolutamente nada. Pongámonos en una situación que podría ser real: hace un tiempo que hemos acabado una relación sentimental con una expareja y estamos auto descubriéndonos. Un día, de repente, sucede.



